Los sueños diurnos acontecen a medianoche (o en una sala en penumbras)

Rue Montagne Sainte Geneviève

 

En Horas desesperadas, Humphrey Bogart se había convertido en ese delincuente fugitivo capaz, junto al resto de su banda, de mantener secuestrada a toda una familia en una casa residencial de las afueras de Indianápolis. ¿Quién le hubiera recordado que diez años atrás, en Al borde del abismo, era el detective privado Philip Marlowe? ¿Quién le hubiese cuestionado haber dejado de ser ese individuo idealista, observador de una sociedad corrupta, amante del ajedrez y la poesía, para transformarse en un pistolero ruin?
Cate Blanchett en Blue Jasmine es seducida y engañada por el poder del dinero del empresario Hal. Su vida se desmorona. Se pregunta una y otra vez, ¿qué estoy haciendo aquí? La misma Cate que siete años antes en Babel, era Susan, esa turista norteamericana de vacaciones en Marruecos. La que herida gravemente, Brad Pitt cuidará hasta que puedan volver a su casa. Situación límite que les permitirá reencontrar su convivencia. Y Cate Blanchett, sin tener que dar explicaciones, después será Carol y viajará a Nueva York, sesenta años atrás, para enamorar a Therese Beliret, es decir a Patricia Rooney Mara.
Mencioné al empresario Hal, es decir a Alec Baldwin, el que en la “vida real” ha tenido que soportar durante años las insanas actitudes de Kim Basinger, su ex esposa. Él, que entonces deberá lidiar, seguramente para siempre, con el síndrome de alienación parental de su hija. Él, que siendo el arquitecto John pudo regresar A Roma con amor y caminar por esas calles empedradas para revivir una etapa de su juventud. Tratar inútilmente de que otro joven no cometa los mismos errores, de ser engañado por la seductora histérica que, al menos una vez, aparece en la vida de cualquier hombre.
En La rosa púrpura del Cairo, Jeff Daniels emerge de la pantalla en blanco y negro para sumergirse en el “mundo real” y decirle a Mia Farrow: ¿Cuánto se enloquece un hombre por una mujer que deja la pantalla para conseguirla?

Personalmente quisiera ser Owen Wilson en Medianoche en París, vagar por esas hermosas calles hasta la esquina donde se produce el hechizo que le permite, ser uno mismo y al mismo tiempo ser otro, ser ése que durante algunas secuencias superará la contradicción entre el presente y el pasado.
Meses atrás yo solía caminar por calles de Tandil deteniéndome en diferentes ochavas, a la espera.
Pero lamentablemente en los últimos tiempos ya casi no salgo por las noches.

One thought on “Los sueños diurnos acontecen a medianoche (o en una sala en penumbras)

  1. ¡Cuánta cultura del celuloide! Creo que tu sobrino Hernán sigue tus pasos. Muy bueno, felicitaciones o mejor «chapeau!»

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