Fiesta familiar

Esta noche de luna

 

ESTA NOCHE DE LUNA

 

Llegaba un tiempo en el desarrollo de la fiesta familiar en el que los chicos dejábamos paso a una continuidad de los adultos. Atrás habían quedado los juegos de mesa, la comida abundante, el partido de fútbol. Los baños en el fuentón de zinc.
En esa transición me veo acostado sobre un largo banco de madera pintado de verde inglés, dormitando, en un intento casi vano de postergación.
Luego hay un extraño silencio. No, no es un silencio. Era una antesala, ese breve instante anticipatorio.
Después, en el oído derecho, aquél que está apoyado en el pecho de mi madre, resuena su voz, apagada y a la vez profunda, en su charla con mis tías, a las que casi yo no escucho. Aunque resulte contradictorio, una voz amplificada y a la vez arrullo.
Y en el otro, en el izquierdo, la voz de Roberto Rufino acompañado de la Orquesta Típica de Carlos Di Sarli. Y de fondo el diálogo de mis tíos jugando a develar la identidad de los ejecutantes.

Dos o tres veces más en mi vida he sido tan feliz como entonces.

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